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Por qué la fuerza muscular es mucho más que potencia

Lena SkovQuick read
Muscle Strength Is About More Than Power

Descubre cómo la fuerza muscular favorece la postura, la estabilidad articular, el equilibrio, el frenado y el movimiento controlado del perro.

Cuando pensamos en un perro fuerte, podemos imaginar a un atleta potente corriendo a toda velocidad, saltando, tirando o superando un obstáculo con impulso.

Sin embargo, la mayoría de los perros utilizan la fuerza muscular de formas mucho menos llamativas.

La fuerza ayuda al perro a levantarse del suelo, mantenerse estable mientras está de pie, bajar una pendiente, frenar el cuerpo antes de girar, subir al coche y adaptarse cuando el terreno se mueve bajo sus pies. Los músculos no solo generan movimiento. También lo controlan, sostienen la postura, estabilizan las articulaciones y ayudan a que las distintas partes del cuerpo trabajen de forma coordinada.

En nuestros perros, la fuerza no consiste únicamente en generar más potencia. También consiste en moverse con control.

Fuerza, potencia y resistencia no son lo mismo

Estos términos suelen utilizarse indistintamente, pero describen capacidades físicas diferentes.

La fuerza muscular es la capacidad de un músculo o grupo de músculos para generar fuerza.
La potencia es la capacidad de generar esa fuerza rápidamente. Un perro utiliza potencia cuando acelera desde parado, salta a una plataforma o realiza un giro explosivo.
La resistencia muscular es la capacidad de mantener o repetir una actividad sin que la calidad del movimiento disminuya demasiado rápido.

Un perro puede tener potencia suficiente para saltar al sofá, pero carecer de la fuerza controlada necesaria para bajar una escalera con estabilidad. Otro perro puede caminar durante mucho tiempo, pero tener dificultades para levantarse del suelo con fluidez.

Todas estas capacidades son importantes, pero no son intercambiables.

Los músculos mueven el cuerpo y ayudan a mantenerlo unido

Los huesos y las articulaciones forman la estructura del cuerpo, pero no pueden generar ni controlar el movimiento por sí solos. Los músculos generan fuerza al tirar de los huesos a través de los tendones.

Algunos músculos producen movimientos visibles. Otros realizan ajustes más pequeños que ayudan a mantener estable una articulación o una región corporal mientras se produce movimiento en otra zona.

Las investigaciones que utilizan modelos musculoesqueléticos caninos muestran que los músculos pueden desempeñar funciones diferentes durante las distintas fases de una misma zancada. Algunos músculos mueven una articulación, mientras que otros ayudan a estabilizar la cadera, la rodilla o el tarso cuando el pie recibe la carga.

Esto significa que un músculo no necesita producir un movimiento amplio o llamativo para desempeñar una función importante.

Durante un paseo normal, los músculos coordinan constantemente cuándo deben activarse, cuánta fuerza deben generar y cuándo deben relajarse. La fuerza permite que esos músculos gestionen las cargas que se producen cuando los pies entran en contacto con el suelo y el cuerpo avanza.

La fuerza ayuda a estabilizar las articulaciones

Una articulación debe tener suficiente movilidad para permitir el movimiento, pero también suficiente estabilidad para mantener correctamente alineados los huesos que la forman mientras las fuerzas pasan a través de ella.

Los ligamentos, los tendones, la forma de la articulación y otros tejidos contribuyen a la estabilidad. Los músculos añaden otra capa de soporte activo.

Cuando un perro apoya peso sobre una extremidad, los músculos que rodean la articulación responden a las fuerzas que actúan sobre ella. Ayudan a controlar la velocidad con la que la articulación se flexiona, se extiende o se desplaza. Este soporte muscular activo se denomina a veces estabilidad dinámica, porque cambia continuamente mientras el perro se mueve.

Unos músculos fuertes no hacen que el perro sea inmune a las lesiones ni pueden corregir por sí solos una articulación inestable o dolorosa. Sin embargo, una fuerza muscular adecuada puede ayudar a un perro sano a controlar sus articulaciones de forma más eficaz durante la actividad.

Esta es una de las razones por las que el acondicionamiento físico canino no debería centrarse únicamente en los músculos más grandes o visibles. Los músculos estabilizadores más pequeños pueden producir movimientos menos evidentes y, aun así, contribuir al control articular.

La fuerza sostiene la postura

La postura no es simplemente la posición en la que un perro se encuentra de pie. Mantenerla es un proceso activo.

Incluso cuando parece estar quieto, el cuerpo del perro realiza pequeños ajustes para mantener su centro de masas dentro de su base de sustentación. La información procedente de los sistemas visual, vestibular y somatosensorial ayuda al sistema nervioso a detectar la posición del cuerpo. A continuación, los músculos responden para mantener o recuperar la estabilidad.

Estos ajustes pueden hacerse más evidentes cuando el perro:

  • Se mantiene de pie sobre una superficie desconocida
  • Gira la cabeza o se estira para alcanzar un premio
  • Levanta un pie
  • Cambia de dirección
  • Se desplaza por un terreno irregular
  • Recibe un ligero empujón o pierde el equilibrio

El perro debe generar suficiente fuerza muscular, en el momento adecuado, para mantener el cuerpo organizado.

Por tanto, la fuerza postural no se manifiesta necesariamente mediante un desarrollo muscular llamativo. A menudo se observa como estabilidad, alineación y capacidad para realizar pequeños ajustes sin movimientos innecesarios.

La fuerza ayuda a controlar la velocidad

Los músculos no solo impulsan el cuerpo hacia delante. También ayudan a frenarlo.

Pensemos en un perro que baja por una pendiente. La gravedad ya está desplazando su cuerpo hacia delante y hacia abajo. Sus músculos deben controlar ese movimiento para evitar que el cuerpo simplemente caiga hacia la parte inferior de la pendiente.

Se produce un tipo de control similar cuando el perro aterriza, se detiene, adopta una posición de tumbado o desacelera antes de cambiar de dirección. Los músculos pueden generar fuerza mientras se alargan, lo que ayuda a controlar la velocidad y la amplitud del movimiento.

Esta función de frenado controlado es importante tanto en las actividades cotidianas como en los deportes. Acelerar puede parecer más atlético, pero la capacidad de reducir la velocidad con fluidez puede ser igual de exigente.

Un perro capaz de generar velocidad, pero no de controlarla, puede moverse con mayor impacto, realizar giros más amplios, colocar los pies de forma apresurada o detenerse bruscamente.

La fuerza contribuye al equilibrio

A veces, el equilibrio se considera una categoría de acondicionamiento físico independiente, pero está estrechamente relacionado con la fuerza.

Primero, el sistema nervioso debe reconocer que el cuerpo se está volviendo inestable. Después, los músculos deben responder con suficiente rapidez y fuerza para realizar la corrección.

En un estudio con perros sanos que permanecían de pie sobre una plataforma móvil, un mayor movimiento de la plataforma produjo cambios más pronunciados en las mediciones del centro de presiones, lo que indicaba que los perros tenían que esforzarse más para mantener la estabilidad postural.

Por tanto, el equilibrio implica algo más que saber dónde están los pies. El perro también necesita la capacidad muscular necesaria para responder a esa información.

Esto no significa que todos los perros deban entrenar sobre equipos muy inestables. Una superficie que se mueve demasiado puede superar la capacidad actual del perro y hacer que se ponga rígido, separe mucho los pies o intente abandonar el equipo, en lugar de realizar un control muscular consciente.

El nivel de dificultad debe adaptarse al perro.

La fuerza puede hacer que los movimientos cotidianos sean más eficientes

Cuando una tarea requiere casi toda la fuerza disponible de un perro, resulta difícil realizarla con fluidez o repetirla.

Imaginemos que levantarse del suelo exige casi toda la fuerza que el perro puede generar con las extremidades pélvicas. Puede que todavía sea capaz de ponerse de pie, pero el movimiento puede parecer lento, trabajoso o irregular.

Si el perro dispone de más fuerza de la que requiere la tarea, cuenta con una mayor reserva física. El mismo movimiento puede exigir un porcentaje menor de su capacidad total.

Esa reserva puede favorecer:

  • Cambios de posición más fluidos
  • Un mayor control durante los giros
  • Una postura más constante
  • Más confianza en escaleras o superficies irregulares
  • Una aparición más lenta de la fatiga durante las actividades cotidianas

Esto no significa que todos los problemas de movimiento estén causados por la debilidad. El dolor, las enfermedades ortopédicas, las afecciones neurológicas, el exceso de peso corporal, la movilidad articular limitada, la falta de coordinación, el miedo y los factores ambientales pueden influir en la forma de moverse del perro.

La fuerza es solo una parte de un sistema de movimiento más amplio.

La fuerza es una capacidad de todo el cuerpo

Es fácil dividir al perro en regiones independientes: extremidades torácicas, extremidades pélvicas, musculatura central, espalda y hombros. Sin embargo, durante el movimiento, todas estas regiones deben trabajar de forma coordinada.

Las extremidades pélvicas suelen contribuir a la propulsión y a los cambios de posición. Las extremidades torácicas soportan una mayor proporción del peso corporal del perro cuando está de pie y ayudan a gestionar las fuerzas de frenado. El tronco transmite y controla las fuerzas entre la parte anterior y la posterior del cuerpo.

Los músculos de la espalda y del tronco también contribuyen a estabilizar el eje corporal durante la locomoción. Los cambios en el uso de una extremidad pueden modificar el reclutamiento muscular en las demás extremidades y a lo largo de la espalda, lo que demuestra cómo una región puede compensar cuando otra no puede desempeñar su función habitual.

Por este motivo, desarrollar un único grupo muscular de aspecto impresionante no produce necesariamente un movimiento equilibrado.

La fuerza funcional depende de la coordinación de todo el cuerpo.

Unos músculos grandes no siempre equivalen a fuerza funcional

El tamaño muscular puede aportar información útil, especialmente al comparar cambios a lo largo del tiempo. Sin embargo, la apariencia por sí sola no indica con qué eficacia utiliza el perro ese músculo.

La fuerza funcional también depende de:

  • El control del sistema nervioso
  • La coordinación entre grupos musculares
  • La posición de las articulaciones
  • La amplitud de movimiento disponible
  • El momento en el que se activan los músculos
  • La confianza del perro y su comprensión de la tarea
Un perro puede parecer musculoso, pero depender del impulso, la velocidad o un patrón de compensación habitual. Otro puede tener una definición muscular menos visible y, aun así, demostrar un control excelente durante movimientos lentos y precisos.

Por tanto, la fuerza debe valorarse a través de la función y no solo de la apariencia.

¿Puede el perro controlar su cuerpo? ¿Puede mantener la alineación? ¿Puede moverse con fluidez en ambas direcciones? ¿Puede realizar una tarea sin apresurarse ni trasladar una carga excesiva a otra región corporal?

Estas preguntas suelen aportar más información que el tamaño muscular por sí solo.

Las necesidades de fuerza cambian a lo largo de la vida

Un cachorro, un perro adulto, un atleta canino y un perro sénior no necesitan los mismos desafíos físicos.

Los cachorros todavía están desarrollando la coordinación, la conciencia corporal y la capacidad para controlar las proporciones cambiantes de su cuerpo. Los perros adultos necesitan fuerza suficiente para su estilo de vida cotidiano, ya consista en paseos por el vecindario, senderismo, juegos, trabajo o deporte. Los perros atletas pueden necesitar un desarrollo de la fuerza más específico para gestionar las cargas y los patrones de movimiento propios de sus actividades.

Los perros sénior pueden experimentar cambios graduales en la masa muscular y el control postural. Algunos estudios han documentado una reducción del área muscular en perros de edad avanzada, mientras que investigaciones más recientes sobre la composición corporal han observado que la masa magra canina tiende a disminuir después de alcanzar su valor máximo en la edad adulta.

Las investigaciones también han identificado cambios relacionados con la edad en la estabilidad postural de los perros de compañía.

Estos cambios no son un motivo para abandonar una actividad adecuada. Son un motivo para prestar más atención a la calidad del movimiento, la comodidad, el entorno y la evolución de las capacidades del perro.

¿Qué indicios pueden sugerir una reducción de la fuerza?

Un perro no puede decirnos directamente que una tarea requiere más esfuerzo muscular que antes. En su lugar, sus tutores pueden observar cambios como:

  • Tardar más en levantarse
  • Utilizar mucho las extremidades torácicas al ponerse de pie
  • Dudar antes de subir o bajar escaleras o de entrar en el coche
  • Desplazar el peso para evitar una extremidad
  • Mantenerse de pie con los pies inusualmente separados
  • Perder la postura durante un cambio de posición
  • Mostrar menos control a medida que continúa una actividad
  • Evitar las superficies resbaladizas o irregulares
  • Acortar los paseos o reducir la velocidad de forma inesperada

Estas observaciones no demuestran que el perro tenga debilidad muscular. También pueden indicar dolor, enfermedad articular, cambios neurológicos, problemas de visión, miedo, fatiga u otro problema médico.

Un cambio de movimiento nuevo, persistente o unilateral no debe tratarse simplemente como un problema de acondicionamiento físico. Requiere una evaluación veterinaria.

Desarrollar la fuerza no consiste en aumentar la dificultad del ejercicio

Un desarrollo eficaz de la fuerza no exige agotar al perro ni incorporar de inmediato equipos inestables, saltos altos, resistencias elevadas o sesiones largas.

En perros sanos, la fuerza puede favorecerse mediante actividades cuidadosamente seleccionadas que incluyan transferencias de peso controladas, cambios de posición, caminar de forma estable por pendientes adecuadas, una colocación precisa de los pies y movimientos lentos y deliberados.

La actividad concreta debe adaptarse a:

  • La edad y la etapa de desarrollo del perro
  • Su condición física actual
  • Su conformación corporal
  • La calidad de su movimiento
  • Su historial de salud
  • Sus actividades cotidianas
  • Las exigencias de su deporte o trabajo

El objetivo no es simplemente hacer que el perro se esfuerce más. El objetivo es plantear un desafío adecuado mientras se mantiene cómodo, seguro y capaz de conservar una buena calidad de movimiento.

Cuando desaparece el control, es posible que la dificultad haya superado la capacidad actual del perro.

La fuerza crea posibilidades

Un perro fuerte no es simplemente un perro capaz de correr más rápido, tirar con más fuerza o saltar más alto.

La fuerza ofrece posibilidades al cuerpo.

Ayuda al perro a avanzar y a frenar. Sostiene las articulaciones a la vez que permite su movimiento. Ayuda a mantener la postura, recuperar el equilibrio y realizar las tareas cotidianas con menos esfuerzo.

Y, lo que es más importante, la fuerza útil no se mide mediante una única acción espectacular. Se refleja en la calidad y el control del movimiento del perro a lo largo del tiempo.

Cuando miramos más allá de la potencia, empezamos a comprender la fuerza muscular como lo que realmente es: una parte de los cimientos que sostienen un movimiento realizado con confianza y eficiencia durante toda la vida del perro.

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